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Informe de la AEPL «Europa de otra manera»

Publicado el 18/04/2018

El documento "Europa de otra manera: la necesidad de reconstruir Europa" es fruto de la consulta a los miembros de la AEPL durante casi dos años. En él expresan sus concepciones sobre el futuro de una Unión Europea capaz de afrontar los retos del mundo actual respetando sus propios valores.

 

CONTENIDO

1) - Los hechos

2) - Reconstruir Europa: principios y valores

            2-a) Solidaridad, democracia y transparencia

            2-b) Un proyecto más claro

            2-c) Una identidad europea compartida

            2-d) Soberanía europea

3) - Medios de acción

            3-a) ¿Un «núcleo duro»?

                        - Grupos de Estados voluntarios                      

                        - La zona euro como primer círculo

                        - El fin de la votación por unanimidad

            3-b) Un presupuesto para afrontar los retos

                        - Un presupuesto para la zona euro

                        - Programación mejor adaptada

                        - Nuevos recursos

            3-c) Las instituciones adecuadas

                        - El Parlamento Europeo

                        - El Consejo Europeo

                        - La Comisión Europea

4) - Políticas comunitarias por desarrollar

            4-a) Políticas comunes

            4-b) Una auténtica política económica

            4-c) Defensa europea

            4-d) De la ampliación a la reunificación de Europa

            4-e) Una respuesta europea a las crisis migratorias

            4-f) Una política lingüística

            4-g) Educación para la ciudadanía europea

            4-h) Una comunidad de valores y libertades individuales

5) - Conclusión: El sueño europeo

 

"EUROPA DE FORMA DIFERENTE

SOBRE LA NECESIDAD DE REFORMAR EUROPA

Preámbulo

La Asociación Europea de Libre Pensamiento (AEPL) tiene como objetivo promover el proyecto europeo, el respeto de los derechos fundamentales de los ciudadanos y la separación de las religiones y el Estado. Reúne en una red europea que abarca más de veinte países a SS y FF motivadas por la integración europea y que comparten valores humanistas y principios de paz y progreso.

El documento "Europa de otra manera: la necesidad de reconstruir Europa" es fruto de la consulta a los miembros de la AEPL durante casi dos años. En ella expresan sus concepciones sobre el futuro de una Unión Europea capaz de afrontar los retos del mundo actual respetando sus propios valores. Este texto es un resumen de las respuestas recibidas hasta la fecha. Abarca las principales cuestiones planteadas por nuestros miembros y presenta un conjunto coherente.

Ante todo, este documento pretende ser fruto de la reflexión de los ciudadanos de base. En este sentido, es un proyecto construido de abajo arriba y no al revés, cumpliendo así el deseo de los dirigentes europeos, que con frecuencia declaran estar a la escucha de los ciudadanos.

Introducción

Al igual que muchos ciudadanos europeos o responsables políticos, los miembros de la Asociación Europea del Pensamiento Libre están preocupados por el riesgo de que el proyecto europeo se vea amenazado o incluso fracase. Aunque apoyamos con convicción el principio de la construcción europea, constatamos que la UE, tal y como funciona hoy en día, ya no es capaz de dar respuesta a las inquietudes de muchos ciudadanos que se enfrentan a los grandes cambios que se están produciendo en el mundo. Estos ciudadanos tienen la sensación de que Europa es indiferente o impotente. Los partidos basados en el rechazo a Europa se están afianzando de forma duradera en el panorama político de muchos Estados miembros. Si queremos evitar el fracaso de la UE, es imprescindible darle un nuevo impulso, ya que el statu quo acabará conduciendo al fiasco.

Por eso queremos proponer el proyecto de una «Europa diferente», capaz de reavivar el entusiasmo.

Tras una rápida informeReiteraremos la necesidad de una nueva fundación y una firme reafirmación de nuestros valores.  principios y valores que, en nuestra opinión, deben constituir la base de esta nueva Unión Europea.

A continuación definiremos los medios de acción que deben aplicarse. Estos recursos podrían referirse a los procesos de toma de decisiones o a los distintos niveles de integración deseados por los Estados miembros. El margen de actuación de una Unión reformada está estrechamente condicionado por el nivel y la naturaleza de los recursos presupuestarios que se le asignen. También se abordará esta cuestión. Por último, abordaremos la cuestión de Gobernanza europea y, por tanto, la organización de las instituciones comunitarias.

Algunos de los grandes retos actuales son de tal envergadura que superan el alcance de un solo Estado y exigen respuestas conjuntas a escala europea. Varios ejemplos de políticas de interés comunitario se presentarán. Se examinarán sucesivamente la economía, la defensa, la respuesta a las crisis migratorias, las políticas de ampliación, la posibilidad de una política lingüística y la educación para la ciudadanía europea.

Para concluir, se dedicará una última sección a lo que podría ser el sueño europeo para un movimiento como el nuestro, comprometido con los valores de la solidaridad, el humanismo y el progreso.

1) - Los hechos

Nuestros miembros constatan que el contexto en el que se inició la construcción europea (el de la Guerra Fría y el auge de la economía de recuperación tras la Segunda Guerra Mundial) ha cambiado radicalmente. La globalización del comercio, la financiarización de la economía y su desregulación, la revolución digital y robótica, el aumento vertiginoso de las desigualdades, el auge de la intolerancia religiosa, las guerras contra organizaciones terroristas internacionales (Daesh y otras), las alarmantes consecuencias de las actividades humanas sobre el medio ambiente y el clima, y el agotamiento de las reservas de materias primas no renovables conforman hoy en día un contexto de inestabilidad que genera ansiedad en muchos ciudadanos europeos.

Por otra parte, Europa nunca se había visto afectada por tantas crisis graves al mismo tiempo:

  • incertidumbres del mercado desde la crisis económica y financiera sistémica mundial de 2008
  • crisis específica de la eurozona
  • crisis política en las democracias occidentales (éxito del populismo)
  • crisis dentro de la UE (divisiones sin precedentes: Norte-Sur, Este-Oeste, viejo-nuevo, separatismo regional, Brexit)
  • inestabilidad geopolítica en las zonas periféricas, crisis y conflictos armados en las fronteras exteriores de la Unión Europea (Rusia, Ucrania, Turquía, Oriente Próximo…)
  • crisis de confianza con el aliado tradicional estadounidense
  • gran crisis de refugiados y migrantes.

La falta de perspectivas de soluciones a corto plazo para todas estas cuestiones, así como la pérdida de puntos de referencia debida a la globalización, alimentan unos temores que llevan a amplios sectores de nuestra población a encerrarse en sí mismos y a aferrarse a los puntos de referencia históricos que les resultan familiares. En Europa: el modelo del Estado-nación soberano, con el riesgo de una deriva nacionalista; las religiones, con el riesgo de la intolerancia; y las supuestas identidades, con el riesgo del rechazo al otro y del repliegue sobre uno mismo. Todos ellos son riesgos de retroceso que amenazan directamente los cimientos del proyecto europeo.

2) - Reconstruir Europa: principios y valores

2-a) Solidaridad, democracia y transparencia

Para dar respuesta a estas preocupaciones y a este importante distanciamiento respecto a la idea europea, es necesario, por tanto, replantearse una Europa que sea a la vez: más democrática, más protectora, más solidaria, más transparente, más eficaz y más comprensible.

El respeto de los valores europeos, cuyas libertades individuales están recogidas actualmente en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea[1], exige que el proyecto de reforma sea, ante todo, fiel a los principios de dignidad de la persona, libertad, igualdad de derechos, solidaridad y libertad de pensamiento. Esto pasa por una reafirmación de los valores de la democracia y los derechos humanos[2].

La refundación significará en algunos casos cambios profundos, en otros mejoras. En particular, esta Europa deberá liberarse de los excesivos postulados del neoliberalismo, que tan dañinos han sido. Estimular la competencia llevará al proyecto europeo a su desaparición si se olvida por el camino la necesaria solidaridad que debe unir tanto a los Estados como a los pueblos.

2-b) Un proyecto más claro

Estos principios y valores deberían ser vinculantes para todos los Estados implicados en el proyecto de relanzamiento de la Unión Europea.  Estos principios podrían recogerse en un breve texto que podría tener rango constitucional. Este texto definiría los objetivos de la Unión y, en particular, el objetivo de crear una entidad transnacional mediante la transferencia consensuada de soberanía, un texto que deberá ratificarse, en su caso, previa consulta a los ciudadanos de los Estados firmantes. La ausencia de un proyecto claramente expresado desde el principio por los Estados miembros es un gran hándicap para la UE, que fomenta las dudas y favorece el euroescepticismo.

Un sistema institucional equilibrado reconoce derechos, pero también impone obligaciones. Cualquier incumplimiento por parte de un Estado de las normas comunes o de los valores democráticos debería poder dar lugar a sanciones que se apliquen realmente. Para respetar los principios del Estado de derecho, será necesario mantener las disposiciones del artículo 2 del Tratado de Lisboa sobre los valores de la Unión[3]. Por el contrario, convendría: a) complementar la aplicación del artículo 7 (que establece que el Estado miembro que incumpla estas disposiciones puede perder su derecho de voto en el Consejo) con un artículo que prevea la retención de determinados fondos y financiaciones en caso de incumplimiento del artículo 2, b) sustituir la regla de la unanimidad por la de la mayoría cualificada.[4]

2-c) Una identidad europea compartida

Lo que nos une como europeos es más importante que lo que nos separa. En la actualidad existe, de pleno derecho, una ciudadanía europea. Pero el pleno ejercicio de esta ciudadanía requiere forjar una identidad europea junto a todas las demás, que se traduzca en un sentimiento de pertenencia con sus derechos y deberes.

Una de las condiciones esenciales para difundir este sentimiento de pertenencia es conocer mejor lo que es Europa. Conocerla mejor significa tomar conciencia del papel eminente que ha desempeñado la construcción europea en las últimas décadas en la extensión de las libertades, derechos y ventajas de que hoy disfrutamos. Significa también darse cuenta de que todos los europeos compartimos una historia y un patrimonio comunes.

El pleno ejercicio de la ciudadanía pasa también por la información sobre el funcionamiento institucional de Europa, por un lado, y de sus Estados miembros, por otro. Hoy en día, estas cuestiones se tratan principalmente en los medios de comunicación nacionales y, a menudo, en la sección «Mundo», «Extranjero» o «Internacional». Una información bien documentada sobre la actualidad europea, respaldada por una comunicación dirigida al gran público por parte de las instituciones, debería ocupar un lugar propio, no como algo ajeno, sino como un espacio compartido entre los Estados miembros dentro de una misma Unión.  El papel de los medios de comunicación que desarrollen una oferta atractiva (siguiendo el ejemplo del éxito del canal de televisión franco-alemán Arte) permitiría que un mayor número de personas se familiarizara con la cultura europea y cultivara el orgullo de ser europeo.

Para ello, es necesario generalizar y exhibir los símbolos de Europa: la bandera, el himno, el lema «Unidos en la diversidad» y el Día de Europa, el 9 de mayo, en el que se conmemora el discurso fundacional de Robert Schuman, fecha que debería poder celebrarse en toda Europa con actos simbólicos.

2-d) Soberanía europea

En un mundo ampliamente globalizado e interconectado, sabemos que las políticas que abordan cuestiones globales sólo pueden ser plenamente eficaces si se tratan a escala comunitaria. Por lo tanto, será necesario transferir determinadas competencias exclusivas de los Estados miembros al nivel comunitario. Estas transferencias tendrán que ser transparentes y libremente consentidas por la mayoría de los Estados miembros que así lo decidan. Naturalmente, será necesaria una redefinición de las competencias para poder disponer, por ejemplo, de una defensa común asociada a una política exterior común.

Si bien la competencia para salvaguardar las cuatro libertades en la Unión Europea (libre circulación de ciudadanos, mercancías, servicios y capitales) debe reservarse a las instituciones europeas, es necesario, no obstante, velar por el mantenimiento de las competencias atribuidas a los Estados miembros. Por ello, la cuestión de la subsidiariedad[5] es fundamental y merece ser reexaminado. La principal crítica es que este principio de subsidiariedad, consagrado en el Tratado de la Unión Europea (TUE) y tal como funciona en la práctica, ha tenido como efecto absolver a los niveles intermedios de decisión (nacional, regional, etc.) de cualquier compromiso europeo real. Es demasiado fácil acusar erróneamente a "Bruselas" de dictar sus normas a los Estados miembros. Para que la subsidiariedad sea plenamente asumida por todos los protagonistas de la acción política, debe corresponder a una propuesta de delegación de competencias a nivel europeo que proceda libremente del nivel local (de abajo arriba) y no sea impuesta desde arriba.

En los ámbitos considerados de competencia mixta (UE/Estados o UE/regiones) por el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, podrían mantenerse, no obstante, los mecanismos institucionales que implican a los parlamentos nacionales en la toma de decisiones. Sin embargo, si se impusieran las tendencias federalistas, la noción de competencia mixta seguramente desaparecería.

En un contexto de crisis y amenazas globales, los ciudadanos europeos estarán mejor protegidos por la soberanía a escala europea que por la soberanía nacional. Este es uno de los grandes retos de la necesaria reconstrucción de una Europa diferente.

3) - Medios de acción

3-a) ¿Un «núcleo duro»?

El plan original era que los Estados miembros avanzaran juntos hacia una "unión cada vez más estrecha". Pero los avatares de la historia, las votaciones nacionales y las sucesivas oleadas de ampliación a Estados con motivaciones diversas para la integración han hecho que la realidad sea la de una cooperación e integración a la carta. No todos los Estados han suscrito todos los programas de la Unión. Ya existen "círculos" de facto con diferentes perímetros (zona euro, espacio Schengen, unión aduanera, Espacio Económico Europeo, espacio de cooperación policial y judicial, etc.) que no se solapan con el perímetro formado por los 28 (27) Estados miembros de la UE.

- Grupos voluntarios de Estados. Por lo tanto, es la idea de un «núcleo duro» o de una Europa de geometría variable la que a muchos les parece la más prometedora para dar un nuevo impulso a la Unión. Un grupo de Estados miembros voluntarios[6] De este modo, puede reforzar su grado de integración, pero con la condición de que los demás no puedan impedirlo. Estos países, convencidos de que el ámbito europeo no es una limitación, sino la condición misma de su soberanía, podrían avanzar hacia un mayor federalismo, mientras que los demás se unirían a ellos a su propio ritmo y si así lo desean. Esto deberá hacerse sin que los demás Estados miembros se sientan dejados de lado, ya que seguirán conservando los logros comunitarios existentes.

Lograr este resultado supone un gran avance en materia federal, aunque la UE no sea un Estado federal en formación en el sentido clásico. No obstante, cabe señalar que la UE ya cuenta con una serie de atributos importantes, como el Banco Central Europeo (BCE), el euro, Schengen, la Unión Bancaria, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el Tribunal de Cuentas Europeo, los guardias de fronteras y de costas, etc. En cuanto al enfoque que consiste en partir directamente de un texto con valor constitucional, tiene pocas posibilidades de éxito a corto o medio plazo, teniendo en cuenta las experiencias recientes (el fracaso del Tratado Constitucional de 2005), salvo que se modifiquen los tratados.

- La eurozona como primer círculo. Muchos piensan que la zona del euro, ya muy integrada gracias a su moneda, podría constituir uno de los primeros «núcleos duros». Para ello, necesitaría un presupuesto propio, una coordinación de las políticas económicas y monetarias, así como procedimientos de solidaridad financiera y armonización fiscal, bajo la autoridad de un ministro responsable de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Esto tendría, entre otras cosas, el efecto de subsanar sus defectos de diseño, mejorar su eficacia y reforzar su resistencia ante las crisis. Podría crearse un parlamento de la zona del euro, compuesto por miembros del Parlamento Europeo procedentes de los países que forman este «primer círculo».

- Fin de la votación por unanimidad. Desde esta perspectiva, y para evitar que las minorías bloqueen la toma de decisiones, es imprescindible que los Estados miembros que, con el fin de ser más eficaces, acepten cumplir normas más estrictas, decidan seguir ampliando el ámbito de aplicación de la votación por mayoría cualificada para acabar con el principio paralizante de la unanimidad. De hecho, resulta ineficaz tener que negociar, como ocurre actualmente, a costa de compromisos poco satisfactorios que incluyen excepciones para lograr una unanimidad de fachada. Y cuando se trate de cuestiones importantes del Derecho primario de la Unión Europea (un nuevo tratado o la modificación de un tratado existente), debería poder adoptarse un texto si cuatro quintas partes de los Estados miembros lo han aprobado, ya sea mediante un proceso parlamentario o un referéndum.

3-b) Un presupuesto a la altura de los retos.

Este es un punto fundamental: para llevar a cabo estas políticas, la UE debe disponer de un presupuesto adecuado. El presupuesto actual es muy insuficiente (1,1 % del PIB, mientras que el presupuesto federal de Estados Unidos ronda el 24,1 %) y depende en exceso de las contribuciones de los Estados miembros, que se ponen en tela de juicio una y otra vez tras negociaciones desalentadoras. El presupuesto debe aumentarse considerablemente (inicialmente, al menos entre el 5% y el 10% del PIB de la UE) para garantizar la credibilidad y la visibilidad de las acciones llevadas a cabo por la UE.

- Un presupuesto para la zona euro. Hoy en día, los Estados que no pertenecen a la zona euro tienen el mismo poder de decisión en materia presupuestaria que los Estados que pertenecen a la zona euro. Sería lógico que hubiera un presupuesto para la zona euro y otro para todos los Estados miembros. El presupuesto de la zona euro debería perseguir varios objetivos:

  • incentivar a los Estados miembros para que lleven a cabo reformas estructurales
  • financiación de la inversión en bienes públicos
  • garantizar una forma de solidaridad en caso de choque asimétrico
  • dar prioridad a las políticas con dimensión social
  • actuar como instrumento anticíclico en caso de recesión grave en la eurozona.

- Programación mejor adaptada. La planificación plurianual de los gastos presupuestarios -que actualmente abarca un periodo de siete años- también debería ajustarse más al mandato quinquenal de la Comisión y el Parlamento Europeo. También sería deseable una mayor flexibilidad entre categorías de gastos y entre años de programación, lo que permitiría hacer frente a las nuevas prioridades impuestas por la actualidad, como la gestión de los flujos migratorios y la protección de las fronteras exteriores.

- Nuevos recursos. Además de los recursos actuales vinculados al IVA y al Producto Interior Bruto (PIB) de los Estados miembros, o en sustitución de estos, este presupuesto deberá reforzarse necesariamente con recursos propios. Estos podrían proceder, por ejemplo, de un porcentaje reducido del total del IVA intracomunitario, de un porcentaje del impuesto de sociedades o de la recaudación de impuestos de los gigantes digitales que practican la evasión fiscal, como los GAFAT[7], de determinados aranceles aduaneros en las fronteras de la UE (lo que permitiría luchar eficazmente contra las prácticas de dumping o favorecer el comercio con los países más ejemplares en materia social o medioambiental), un impuesto europeo sobre el carbono que permita orientar la economía hacia un menor uso de las energías fósiles, un impuesto sobre las transacciones financieras que afecte de manera solidaria a todos los Estados miembros de la UE, o incluso un impuesto sobre los plásticos.

-Transferencias de financiación y transparencia. También habrá que aprovechar la oportunidad que ofrece el Brexit para fomentar una mayor solidaridad entre los países ricos y los menos ricos y acabar con la obsesión por los saldos netos que dan lugar a compensaciones. Con este nuevo presupuesto de la UE, también surgirá la obligación de explicar y comunicar para mejorar el vínculo con el contribuyente europeo, que debe poder conocer su participación y controlar con total transparencia el uso de estos fondos y la eficacia de su aplicación. Por último, para garantizar el consentimiento fiscal, tan necesario en el ejercicio de la democracia, conviene mejorar aún más el control, con total transparencia, del uso de los fondos europeos y la calidad de los resultados obtenidos bajo la supervisión del Tribunal de Cuentas Europeo.

Al mismo tiempo, podría ser conveniente otorgar una competencia adicional al BCE, encargándole también la lucha contra el desempleo, tal y como ocurre con la Reserva Federal de Estados Unidos, al tiempo que se intensifica la cooperación con el Banco Europeo de Inversiones, tal y como ocurre con los planes de Juncker, que permiten un importante efecto palanca sobre los fondos del presupuesto comunitario.

En resumen, este nuevo presupuesto comunitario, por fin a la altura de los retos, permitiría apoyar, ampliar y aumentar los recursos para una reactivación de la economía europea, manteniendo un control estricto y liberándonos del dogma de la austeridad presupuestaria.

3-c) La nueva gobernanza europea: instituciones adecuadas

Para aplicar estas políticas, la Unión Europea necesita instituciones eficaces, democráticas y comprensibles para sus ciudadanos. A modo de preámbulo pueden establecerse algunas reglas sencillas:

Cuando formas parte de un club, aceptas todas las reglas, no sólo las que te favorecen. Un Estado no puede eximirse de las que no le gustan, como ocurre actualmente en varias cuestiones, las más flagrantes el euro y la política social.

Será necesario aclarar el triángulo institucional europeo, que se ha vuelto más complejo a raíz de sucesivos tratados —a menudo fruto de las negociaciones entre los Estados miembros— y que hoy carece de la coherencia necesaria para gobernar de forma eficaz y democrática. Dado que habrá que poner en marcha nuevas políticas comunes, también habrá que avanzar hacia una federalización de las instituciones, único modelo de gobernanza capaz de favorecer el surgimiento de una verdadera sociedad política europea.

De ahí también la necesidad de reducir al máximo la gestión intergubernamental y avanzar hacia un mayor federalismo en los ámbitos vitales (véase el capítulo 4). Sólo una reforma de las instituciones permitirá que la eficacia así conseguida vaya de la mano de todas las garantías de un sistema más democrático.

Hay que revisar la separación de poderes, principalmente entre el legislativo y el ejecutivo, con los asuntos judiciales regulados actualmente por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. El poder legislativo debería basarse en un sistema bicameral clásico (una cámara de ciudadanos y una cámara de Estados) con funciones y competencias redefinidas para cada cámara:

- El Parlamento Europeo : Constituye el pilar democrático de la UE. El Parlamento Europeo, como cámara de los ciudadanos, debería ver ampliadas sus competencias, pero, sobre todo, debería reorganizarse en cuanto a su composición y su funcionamiento para ser más representativo de los pueblos y menos de las estructuras partidistas nacionales.

Parece esencial que los electores puedan votar a partidos europeos y no, como ahora, a partidos puramente nacionales. Cada partido tendrá un programa europeo y su propia visión del futuro de Europa, lo que permitirá a los ciudadanos tomar una decisión clara sobre las cuestiones políticas europeas. Este voto debería celebrarse simbólicamente al mismo tiempo en todos los países afectados.

El Parlamento Europeo debe tener legítimamente un papel de iniciativa parlamentaria. Entre los poderes que deberá ejercer figuran el poder presupuestario y fiscal sobre los recursos de la Unión, y el control del ejecutivo sobre sus gastos y la ejecución de sus acciones. Como en la actualidad, tendrá el poder de censura y el poder de confianza. Tendrá poder para nombrar al Presidente de la Comisión y a cada uno de los Comisarios.

El Parlamento Europeo debería convertirse en una de las dos fuentes del programa legislativo de la UE, lo que implica revisar el actual monopolio de la Comisión Europea en este ámbito. En el marco de sus competencias ampliadas, el Parlamento Europeo también debería poder emitir un dictamen previo sobre los mandatos de negociación de acuerdos internacionales, en particular comerciales, que actualmente se confían exclusivamente a la Comisión.

- El Consejo Europeo Con el tiempo, el Consejo debería convertirse en la segunda cámara, la de los Estados. También podría organizarse en consejos sectoriales, como ocurre actualmente con los Consejos de Ministros. Al igual que el Senado, deberá codecidir con el Parlamento, lo que implica definir un sistema de mediación en caso de desacuerdo.

En este Senado, todos los Estados podrían tener el mismo número de representantes, como ocurre en el sistema federal americano. Esta es una de las condiciones para una integración más completa. Las votaciones se harían por mayoría simple para evitar la parálisis de las decisiones como consecuencia del derecho de veto. Sin embargo, debe perder su papel exclusivo de motor de la política europea.

- La Comisión Europea : Representa al poder ejecutivo. Deberá actuar basándose en un programa legislativo general aprobado por ambas cámaras. Deberá proceder de las mayorías políticas y contar con el apoyo de los órganos legislativos ante los que será plenamente responsable. Según la tradición de las democracias parlamentarias, el jefe de este ejecutivo será el líder del partido o de la coalición que cuente con mayoría en el Parlamento.

Otras opciones prevén la elección del presidente de la Comisión por sufragio universal directo para reforzar aún más su legitimidad. De este modo, representa la elección mayoritaria de los ciudadanos. En cualquier caso, deberá llevar a cabo, junto con su Gobierno, la política por la que haya sido elegido. Rinde cuentas de su política ante el Parlamento.

En su calidad de «jefe de Gobierno», el presidente de la Comisión deberá poder elegir él mismo a sus comisarios, que ya no serían designados por los Estados. Podrá elegirlos por su competencia, su peso político, su compromiso europeo y su probidad, respetando la igualdad entre mujeres y hombres y el equilibrio entre los países de origen. El colegio de comisarios deberá reducirse para lograr una mayor eficacia y coherencia: los 28 (próximamente 27) comisarios actuales serán sustituidos por un número más reducido de vicepresidentes con competencias ampliadas, que tendrán bajo su tutela «ministerios» que permitan incorporar al poder a personal político de calidad procedente de toda la UE.

El objetivo es convertir a la Comisión en una institución más política, más democrática y más eficaz, que deje de depender de los regateos en las altas esferas a los que están acostumbrados los 28 (27) Estados miembros. Esto conducirá a una Europa que funcione según un sistema más sencillo, con competencias mejor definidas y equilibradas, tal y como ha demostrado su eficacia en la mayoría de las democracias europeas, y cuyas competencias y responsabilidades sean bien conocidas por todos los ciudadanos.

4) - Políticas comunitarias por desarrollar

4-a) Nuevas políticas comunes

Para recuperar la confianza de los ciudadanos, la UE deberá poder llevar a cabo, junto con las políticas de competencia exclusiva que ya se hayan convertido en comunitarias, una serie de políticas cuyos resultados puedan atribuírsele con total transparencia. Los ciudadanos europeos deben poder asociar claramente a Europa con una mejora concreta de sus condiciones de vida.

Este es el caso en los ámbitos en los que un solo Estado no puede razonablemente esperar obtener resultados satisfactorios. Sólo la acción comunitaria puede movilizar recursos suficientemente potentes para ser realmente eficaz. Para avanzar hacia una unión cada vez más estrecha entre los Estados miembros, podemos elaborar una lista de ámbitos de convergencia en los que el nivel comunitario ya es o sería el más pertinente.

Las prioridades seleccionadas se refieren al refuerzo de las competencias federales en los ámbitos de la política económica, fiscal y presupuestaria, el medio ambiente y la energía, la política social, la defensa y la política exterior, las políticas de coordinación policial, de inteligencia y de justicia, así como la coordinación y la cooperación en materia de asilo e inmigración. A continuación se ofrece una lista no exhaustiva y sin orden de prioridad:

Social y medioambiental

  • Políticas de estímulo y protección de los modelos sociales europeos
  • Política de lucha contra el calentamiento global
  • Política de seguridad energética
  • Protección del medio ambiente
  • Política de producción agrícola de calidad

Defensa y seguridad

  • La lucha contra el terrorismo
  • Lucha contra la delincuencia internacional
  • Política de defensa común
  • Política de inteligencia y ciberprotección
  • Fondo de intervención civil en caso de catástrofe
  • Política de vigilancia de las fronteras exteriores de la UE

Migración y cooperación

  • Respuestas a las crisis migratorias
  • Política de cooperación y ayuda al desarrollo

Política económica y comercial

  • Una política de inversión masiva en nuevas tecnologías
  • Poder de negociación comercial frente a China, Estados Unidos, etc.
  • Contrarrestar el poder de las megacorporaciones digitales globales (GAFAT)
  • Lucha contra los paraísos fiscales
  • Una política fiscal intraeuropea justa
  • Reforzar la resistencia a las crisis financieras

En lo que respecta a la justicia, tras la orden de detención europea, convendría reforzar Europol, crear Eurojust y una Fiscalía Europea dirigida por un fiscal general europeo. El objetivo es impulsar la colaboración entre las autoridades judiciales de los Estados miembros en la lucha contra la delincuencia transfronteriza, incluido el fraude en el IVA. En una segunda fase, convendría prever la competencia para crear tribunales europeos.

Por lo tanto, debemos avanzar hacia la politización de la Unión Europea con el fin de proporcionar los medios para una acción eficaz cuyos efectos positivos puedan ser medidos por los ciudadanos.

4-b) Una auténtica política económica

El loable objetivo de organizar internamente una competencia libre y sin distorsiones[8]no puede ocupar el lugar de un principio único en una Europa que quiere mantener su posición e influencia en la escena mundial. Un control vigilante de la competencia económica interna, que impida a las grandes empresas europeas ocupar una posición de monopolio, no debe tener como consecuencia que se les prive de toda posibilidad de competir con los gigantes mundiales.

Concebir Europa de otra manera exige buscar los medios necesarios para fomentar el desarrollo de las empresas europeas, con el fin de que sean competitivas en la economía globalizada. Para ello es necesario un fuerte impulso por parte de las instituciones en los distintos ámbitos estratégicos: investigación y desarrollo, inversiones, apoyo al sector industrial, política de innovación, apoyo a los viveros de empresas (por ejemplo, las start-ups), a las nuevas profesiones y a los nuevos modos de producción.

Un aumento significativo de los recursos presupuestarios para incentivos, financiación directa y efectos palanca permitiría alcanzar estos objetivos con un espíritu federal de solidaridad.

Una estrategia económica europea debe respetar el doble objetivo del éxito: económico y social. Se trata de buscar una economía dinámica y eficiente que permita una distribución justa de los ingresos entre inversores y trabajadores, con el doble objetivo de fidelizar a los inversores y proteger a los trabajadores.

La Europa del futuro debe ser una política de concertación, coordinación, control, ética y solidaridad frente a las tecnologías del futuro (digital, neurociencia, biología, transhumanismo, inteligencia artificial, etc.) que tendrán un impacto directo en nuestras vidas y nuestro futuro. No se trata de erigir barreras aduaneras ilusorias, pero Europa debe exigir que los productos importados se produzcan de forma ética (sin esclavitud, sin trabajo infantil, con condiciones de empleo humanas en términos de horas de trabajo, seguridad y protección social). Si no se cumplen estas condiciones, debería ser posible aplicar un mecanismo de imposición a la entrada en la UE, o denegar la entrada si fuera necesario. Estas condiciones deberían ser validadas por organismos independientes (Organización Mundial del Comercio, etc.).

En relación con países en desarrolloLa economía europea también debería poder orientar las inversiones hacia proyectos innovadores. Aunque no hay que cuestionar el principio de un nivel suficiente de ayuda a estos países, es necesario controlar el proceso. Y para ello :

– Revisar los métodos de evaluación para evitar la corrupción y permitir que se tengan más en cuenta las necesidades reales de la población

- Establecer una colaboración y asociación más estrechas con los países receptores de la ayuda, que suelen estar en la mejor posición para comprender sus necesidades debido a su conocimiento local.

– Actualizar las ayudas en función de la evolución de las prioridades (cambio climático, intereses geoestratégicos, puesta en marcha de una verdadera política exterior y de una diplomacia en la que la ayuda al desarrollo podría ser uno de los instrumentos…)

Así, al tiempo que se abre a la economía mundial, la UE debe poder ejercer cierto proteccionismo en sus fronteras exteriores y dotarse de los medios para una auténtica política económica que garantice sus valores e intereses en la competencia mundial.

4-c) Defensa europea

La necesidad de una defensa común fue evidente desde el principio del proyecto de la Unión Europea. Bloqueada en 1954 por la negativa del Parlamento francés, la idea de una defensa comunitaria europea vuelve a estar en el orden del día.

Mientras las amenazas van en aumento, Europa tiene dificultades para resolver sus cuestiones de seguridad. Desde el fin de la Guerra Fría, los europeos no han dejado de desarmarse y los esfuerzos de los Estados miembros en materia de armamento están distribuidos de forma muy desigual. Los europeos se han acostumbrado al paraguas que supone la OTAN, financiada en un 75% por Estados Unidos. Pero hoy en día, Estados Unidos tiene otros intereses estratégicos, sobre todo en la región de Asia-Pacífico. En cuanto al Reino Unido, al retirarse corre el riesgo de debilitar significativamente el potencial militar de la UE, aunque los acuerdos bilaterales con la UE puedan tomar el relevo. Europa se encuentra hoy cada vez más aislada. Una defensa común sería un componente esencial para una Unión Europea que aspira a tener mayor influencia a nivel internacional, ya que hoy en día, el poder blando La de la UE ya no es suficiente. .

Esta nueva situación ha reavivado el interés por encontrar recursos mancomunados                                                                                                                                                                                                                                                                                                y fuerzas autónomas capaces de garantizar la defensa y la seguridad de la Unión Europea. Esta preocupación por la puesta en común responde también a la demanda pública de una mayor eficacia de los gastos de defensa en Europa, en un momento en que los recursos asignados al gasto público son cada vez menores. Algunos han propuesto la creación de un gran fondo europeo de defensa. Incluso se ha planteado la idea de transferir casi todos los presupuestos de defensa, incluida su deuda desde la entrada en la eurozona, a un fondo específico garantizado por los Estados miembros. Sea como fuere, las respuestas a las cuestiones de financiación son fundamentales para la viabilidad de una defensa integrada.

Pero el requisito previo para el desarrollo de una doctrina Lo que es innegablemente compartido es la existencia de una Europa más unida política, diplomática, económica y fiscalmente, pero también moralmente. La defensa de Europa por los europeos y para los europeos nos parece una necesidad, pero siguen existiendo profundos desacuerdos entre los Estados miembros en función de su posición tradicional (neutral, atlantista o europeísta). Como en todas las cuestiones en las que una vanguardia de Estados debería poder proceder por cooperación reforzada, la Europa de la defensa debería formar parte del núcleo duro. Cabe imaginar que Francia, gracias a su experiencia y a su potencial militar actual, pueda asumir su parte de liderazgo, con el firme respaldo de Alemania y, en breve, reforzada por otros Estados que compartan una misma visión de la puesta en común de los esfuerzos de defensa, dirigidos a través de un estado mayor centralizado, que ya existe de forma embrionaria en la UE, en Bruselas. Pero también cabe imaginar que la Europa de la defensa podría formar más fácilmente su primer «núcleo duro» agrupando a Estados menos poblados y con una tradición menos soberanista, como es el caso de los Estados bálticos o de los del «Benelux».

4-d) De la ampliación a la reunificación de Europa

El principio de la ampliación forma parte, desde el principio, del proyecto europeo. Europa se ha construido sobre el rechazo a los nacionalismos y la superación de las fronteras, siendo su vocación reunir a todo el continente en torno al núcleo de los seis países fundadores. La reunificación de Europa sigue siendo el objetivo de todos aquellos que desean sinceramente construir un espacio de paz y prosperidad compartido por todos los europeos.

El "no" franco-holandés en el referéndum de 2005 sobre el Tratado Constitucional Europeo ya estuvo motivado en gran medida por la llegada mal preparada en 2004 de 8 nuevos países de Europa Central y Oriental. Esta ampliación permitió a estos países ponerse realmente al día económicamente. Pero tras los inicios de la normalización democrática, algunos de ellos acabaron derivando hacia el autoritarismo y el ultranacionalismo, cuestionando las libertades públicas y adoptando una relación puramente utilitarista con la Unión. La ampliación ha sido un éxito económico, pero está demostrando ser un fracaso político que mina la cohesión de la UE.

¿Es necesario integrar ahora a todos los países de la Balcanes Occidentales que lo hayan solicitado[9] ? La problemática ampliación de 2004 demuestra que, aunque acaben cumpliendo los criterios de Copenhague[10], los países candidatos de los Balcanes no están preparados, al igual que tampoco lo están los ciudadanos de los Estados miembros, cuando se trata de convencerlos de la necesidad de refundar Europa. Una solución transitoria para estos países candidatos podría ser su participación, con la ayuda de la UE, en un mercado común balcánico que les permita, en primer lugar, restablecer entre ellos los vínculos pacíficos, de buena vecindad y de confianza necesarios. No será nada fácil convencer a los europeos de la utilidad de tales adhesiones mientras no se hayan establecido esos vínculos.

Del mismo modo, se ha hecho imprescindible tranquilizar a los ciudadanos europeos abandonando definitivamente el proceso de adhesión relativo a la Turquía. Esta adhesión iría en contra de los deseos de los pueblos de Europa, y ahora debemos tener la lucidez de reconocerlo y el valor de extraer las consecuencias.

Europa necesita urgentemente profundizar primero en su integración, evitando cualquier ampliación descontrolada que pueda dar lugar a que los ciudadanos rechacen el propio proyecto europeo.

4-e) Una respuesta europea a las crisis migratorias

La afluencia de migrantes y refugiados debida al atractivo de Europa, un continente rico y envejecido, considerado como una zona de paz y prosperidad con una larga tradición de acogida de poblaciones desplazadas, sigue representando un importante factor de desestabilización política para los Estados de la Unión Europea. Esta crisis ha reavivado en Europa los reflejos de repliegue nacionalista y ha favorecido el ascenso de fuerzas populistas y xenófobas que amenazan los valores humanistas y solidarios que constituyen los cimientos de la integración europea. Es ilusorio pensar que Europa puede protegerse con muros. Las guerras fronterizas, las crisis climáticas, la mala gobernanza, los desequilibrios demográficos y la falta de perspectivas en algunas regiones vecinas de Europa seguirán atrayendo a la gente hacia Europa.

Si bien debemos salvaguardar nuestros intereses legítimos, también debemos respetar nuestras obligaciones en materia de derechos fundamentales, en particular el derecho de asilo derivado de los tratados internacionales relativos a las víctimas de la guerra, pero también los debidos a las personas desplazadas y amenazadas. Para mantener el vínculo de solidaridad que debe prevalecer entre los Estados miembros, es imperativo que abandonemos la gestión intergubernamental del Consejo Europeo de hoy en favor de un enfoque intergubernamental. política comunitaria de acogida e integración migrantes y refugiados. Esta política debe ir acompañada de una acción diplomática europea para estabilizar y contribuir a restablecer la paz y la seguridad en los países de origen.

En lo que respecta a la gestión por parte de los Estados de la entrada de refugiados y migrantes en el espacio europeo, ha quedado claro que el sistema de Dublín III ya no funciona. No es lógico dejar que el registro, la acogida y los gastos de alojamiento e integración recaigan únicamente en los países de entrada, que suelen ser Grecia e Italia.

Por lo tanto, es necesario establecer un mecanismo europeo que se encargue del registro de los migrantes, capaz de distinguir entre refugiados y migrantes económicos, que garantice su acogida en condiciones dignas y se ocupe de su distribución equitativa entre los países de la Unión. El abandono de los sistemas nacionales y la creación de un sistema europeo de asilo están previstos en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).

Más allá de su función simbólica, también es necesaria la creación de una frontera exterior comunitaria entre Europa y los países limítrofes, acompañada de los medios necesarios para controlarla (refuerzo de la agencia FRONTEX).

4-f) Una política lingüística

La diversidad de las lenguas que se hablan en Europa es un hecho innegable.  Aunque algunos puedan considerarla un obstáculo para la integración europea, esta diversidad puede resultar igualmente una oportunidad para Europa. Muchas de las principales lenguas de comunicación que se hablan en el mundo ya se hablan en Europa. Esto supone una ventaja esencial para Europa en su relación con el mundo.

No todos los europeos están destinados a hablar algún día la misma lengua, ya sea una lengua adoptada como el inglés o una lengua artificial como el esperanto. Muchas lenguas europeas seguirán coexistiendo durante mucho tiempo. Para hacer posible el diálogo y la comprensión mutua entre los europeos, la palabra hablada, así como la palabra recibida, tendrá que intercambiarse por tanto a través de las lenguas. Por eso será necesario que las jóvenes generaciones, además de su lengua materna, dominen al menos otras dos lenguas europeas incluido el inglés. Esto debería ser objeto de una política lingüística proactiva a escala europea.

Este programa podría reforzarse con una amplia política de intercambios de profesores, que se convertirían en auténticos embajadores culturales por toda Europa. Más allá de la enseñanza secundaria, habría que reforzar, una vez más, el multilingüismo fomentando y financiando ampliamente las estancias de todos los jóvenes europeos en otros países miembros (un «Erasmus para todos»…), reservando cátedras universitarias para profesores de otros países, multiplicando los seminarios y coloquios multilingües, recurriendo a la traducción de una lengua a otra en lugar de recurrir sistemáticamente al inglés, apoyando las revistas y obras multilingües, y dando prioridad en todas partes a la difusión de películas (documentales, ficciones, animación…) en versión original subtitulada. De hecho, dado que toda lengua es reflejo de una o varias culturas, estas medidas permitirían comprendernos mejor y unir más a los Estados miembros, al tiempo que se mantiene la diversidad de sus culturas. La intercomprensión entre los ciudadanos a escala de nuestro continente europeo supondría un gran avance hacia el sentimiento de identidad común y reforzaría los lazos de solidaridad entre todos los ciudadanos europeos.

4-g) Educación para la ciudadanía europea

El conocimiento de nuestra historia europea común debería formar parte de un conjunto obligatorio de conceptos básicos enseñados a lo largo de sus estudios a todos los jóvenes europeos. Esto debería enseñarse de tal manera que se garantice que la diversidad se presenta sin prejuicios y sin segundas intenciones nacionalistas o confesionales.

A Petición al Parlamento Europeo se archivó en 2017 con el título: " Petición a favor de la educación para la ciudadanía de los alumnos de secundaria ». Su objetivo es fomentar el fortalecimiento de una ciudadanía supranacional basada en derechos y deberes compartidos, y no en sentimientos identitarios excluyentes. Un programa que permita contribuir a «luchar contra los fanatismos y fomentar la convivencia en una sociedad multicultural y diversa, como es la sociedad europea» basándose en varios artículos de los tratados fundacionales de la Unión Europea. En la práctica, un alumno de secundaria debería adquirir un conocimiento mínimo de los demás Estados miembros y de sus conciudadanos europeos, así como un conocimiento del funcionamiento de las instituciones de la Unión y de sus mecanismos de participación ciudadana, base necesaria para un ejercicio sano de la democracia.

Esta petición, que se presentará al Consejo a través de la Comisión Europea, se basa en una resolución del Parlamento Europeo que subraya que ". Conocer y comprender la historia y los valores comunes de la UE y de sus Estados miembros es fundamental para el entendimiento mutuo, la coexistencia pacífica, la tolerancia y la solidaridad, así como para comprender los principios fundamentales de la Unión Europea. ".

4-h) Una comunidad de valores y libertades individuales

Debemos hacer hincapié en lo que nos une, es decir, los valores de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea.[11] como la dignidad de la persona, la igualdad, la libertad, la solidaridad y la tolerancia, necesarias para superar las divisiones culturales, políticas, religiosas, lingüísticas o étnicas. Son los valores humanistas de Europa los que mejor podrían servir de cimiento para la Europa del futuro.

5) - Conclusión: el sueño europeo

La idea que subyace al sueño de una Europa diferente es también la idea de que los retos no son sólo económicos o institucionales, sino sobre todo humanos. Europa debe entenderse como un comunidad humanacuya diversidad es a la vez una ventaja y un reto. La promesa de paz, libertad y prosperidad debe beneficiar a todos, gracias a una objetivo común de progreso social fomentada por el marco europeo. Para lograrlo, cada ciudadano debe poder sentir los beneficios de una Europa que le protege ejerciendo su soberanía con mayor eficacia, y a la que se siente más cercano porque ha sabido renovarse, democratizar su funcionamiento y escuchar a sus ciudadanos.

La Europa de los sueños sería :

  • una Europa que garantice la libertad: todas las libertades públicas, la libertad de pensamiento garantizada por la estricta neutralidad de las instituciones con respecto a los dogmas religiosos, la libertad de expresión, libertades actualmente atacadas en varios Estados miembros
  • una Europa preocupada por la igualdad de los seres humanos: igualdad de derechos entre géneros, orígenes y orientaciones sexuales. Aunque estos derechos están formalmente garantizados por la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, sabemos que aún quedan progresos por hacer en muchos Estados miembros.
  • una Europa más solidaria y más humana, una Europa preocupada por el desarrollo de los países con los que mantiene relaciones desde hace tiempo y que esperan mejores condiciones de cooperación
  • una Europa más eficaz que hoy en la toma de decisiones, al tiempo que más democrática, transparente y comprensible
  • una Europa en la que la búsqueda de la felicidad, al igual que la búsqueda de la calidad de vida, pueda convertirse en un derecho fundamental de todo ciudadano europeo.

La Unión Europea debe ser capaz de demostrar que aporta un verdadero valor añadido. Solo así podrá contrarrestar el desinterés del que, en parte, es víctima hoy en día. Esta nueva Europa que podría proponerse a los ciudadanos europeos debería ser una Unión de Estados-nación abierta al mundo, con un proyecto intelectual y político a largo plazo si no queremos que nuestras sociedades se aíslen del mundo contemporáneo; un proyecto que consista en reconstruir un modelo político, económico y social propiamente europeo que concilie la libertad, la solidaridad, los valores portadores de una identidad común, la protección y el poder de influencia internacional. Europa solo podrá mantener su posición en la competencia mundial si se mantiene fiel a su proyecto, que garantiza la paz y el progreso humano. Así, una Europa así, refundada con respecto a la que conocemos hoy, tendría un valor ejemplar en el que el mundo podría inspirarse.

BRUSELAS, 25 de marzo de 2018

[1]          La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea es un instrumento jurídico vinculante directamente aplicable, mientras que la Declaración Universal de los Derechos Humanos (¡ay!) no es más que una resolución de la ONU.

[2]          Esta cuestión esencial de los Derechos Fundamentales se abordará en un documento dedicado específicamente al tema, que se publicará más adelante.

[3]          Artículo 2 del Tratado de la Unión Europea: La Unión se fundamenta en los valores del respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de Derecho, así como en el respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.

[4]          La mayoría cualificada debe ser alcanzada por al menos 55% de los Estados miembros (es decir, un mínimo de 16 Estados) y 65% de la población, o 72% de los Estados y 65% de la población cuando el Consejo no se pronuncie a propuesta de la Comisión o del Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

[5]          Artículo 5 del TUE: La Comunidad actuará dentro de los límites de las competencias que le confiere el presente Tratado y de los objetivos que en él se le asignan. En los ámbitos que no sean de su competencia exclusiva, la Comunidad solo intervendrá, de conformidad con el principio de subsidiariedad, si —y en la medida en que— los objetivos de la acción prevista no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros y, por lo tanto, debido a la dimensión o a los efectos de la acción prevista, puedan alcanzarse mejor a nivel comunitario. La acción de la Comunidad no excederá de lo necesario para alcanzar los objetivos del presente Tratado.

[6]          Al menos 9 países según los tratados europeos.

[7]          GAFAT: Google, Apple, Facebook, Amazon, Twitter

[8]          Artículos 105 y 106 (antiguos 85 y 86) del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE)

[9]          Los países de los Balcanes Occidentales que son candidatos oficiales son Montenegro, Serbia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) y Albania. Bosnia-Herzegovina y Kosovo son países candidatos potenciales o han solicitado la adhesión.

[10]         La adhesión de un país a la Unión Europea está sujeta a determinados criterios definidos en el Consejo Europeo de Copenhague de 1993:

  1. La presencia de instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto y protección de las minorías;
  2. Una economía de mercado que funcione y la capacidad de hacer frente a las fuerzas del mercado y la presión competitiva dentro de la UE;
  3. La capacidad de asumir las obligaciones de la adhesión, incluida la capacidad de aplicar eficazmente las reglas, normas y políticas que constituyen el corpus legislativo de la UE (el acervo comunitario) y de hacer suyos los objetivos de la unión política, económica y monetaria.

[11]         El artículo 2 establece lo siguiente: «La Unión se fundamenta en los valores del respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de Derecho, así como en el respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres».»

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