AEPL

Emancipación del diálogo intergeneracional

Publicado el 20/12/2024

Intervención el 10 de diciembre de 2024 de nuestro expresidente ante el Parlamento Europeo, que había invitado a ocho ponentes de organizaciones participantes en el diálogo previsto en el artículo 17 del TFUE. Cabe lamentar, una vez más, que solo dos organizaciones fueran filosóficas y aconfesionales y que, por el contrario, seis representaran a religiosos de todo tipo.

La contribución de la AEPL, presentada por Claude WACHTELAER, se puede leer a continuación o ver en transmisión en directo.

Señoras y señores, permítanme, en primer lugar, expresar mi agradecimiento a la señora vicepresidenta por su invitación, que nos brinda la oportunidad de participar en este seminario.

Habiendo dedicado toda mi carrera profesional al ámbito de la educación, he podido constatar en numerosas ocasiones la importancia del contacto entre los jóvenes y las personas mayores

Sé que hablar del pasado suele despertar un gran interés cuando los niños o los adolescentes conocen a personas que han vivido experiencias interesantes y, a veces, dramáticas.

Por lo tanto, aprobamos el principio de esta iniciativa y apoyamos la idea general.

No obstante, consideramos necesario hacer algunas advertencias sobre su aplicación y los objetivos a los que pretende servir.

Si queremos aprender del pasado para evitar errores en el futuro, debemos tomar algunas precauciones.

La ilusión de «Antes era mejor» a veces lleva a la gente a recurrir a un pasado mítico. Se critica el presente sin disponer siempre de información fiable sobre el pasado con el que se compara. Se cree que la información en la que se basa es correcta, pero no se hace el esfuerzo de verificar si lo que se cree es cierto. Por lo tanto, sería deseable que el diálogo intergeneracional se pusiera al servicio de una lectura lo más objetiva posible del pasado.

Aprender del pasado suele estar ligado a la tradición, a las raíces y a la identidad. Son aspectos que nos unen, pero que a veces nos ciegan. La raza humana se ha desarrollado a partir de comunidades que se han ido ampliando progresivamente. Esta característica evolutiva fue, y sigue siendo en cierto modo, necesaria para nuestra supervivencia, ya que crea una solidaridad propia del grupo. Pero esta cohesión grupal puede cegarnos. Este fenómeno tiende a reforzarse a medida que las grandes tradiciones religiosas y las grandes ideologías seculares se debilitan y son a menudo sustituidas por pequeños grupos más radicales. Los valores y las identidades de un grupo se oponen entonces a los de otro, y eso genera conflictos. Con Amin Maalouf, recordemos siempre que nuestras identidades pueden volverse mortíferas.

En Europa, un número cada vez mayor de ciudadanos parece querer encontrar consuelo en el pasado glorioso de su país o en sus creencias y modos de vida tradicionales. Una reacción ante amenazas —reales o supuestas— que provendrían de cambios como la inmigración o la secularización de la sociedad. Debemos ser conscientes del error que supone una relectura populista de la historia política o cultural. No negamos la realidad de los retos que plantean algunos de estos cambios, pero la respuesta no está en encerrarnos en identidades cerradas. Si existe un peligro, debemos prevenirlo promoviendo un diálogo transversal entre las diferentes tradiciones para crear consenso. El diálogo intergeneracional debería servir a este objetivo.

En una época de cambios rápidos y de creciente incertidumbre, están surgiendo comportamientos a veces contradictorios que hacen temer que se acentúe la brecha entre generaciones. Algunos investigadores llegan incluso a hablar de un choque generacional. Por lo tanto, entablar un diálogo entre jóvenes y mayores podría, paradójicamente, cristalizar estas categorías y reforzar los estereotipos. ¿A partir de cuándo se es mayor, hasta qué edad se es adolescente? Se habla de «juvenilismo», se critica a los mayores que se aferran a sus puestos profesionales o sociales. Se podría plantearse, en cambio, un enfoque más flexible que no encasille a las personas y que tenga más en cuenta las competencias individuales. ¿Es, por ejemplo, razonable alargar cada vez más la duración de la escolarización de los jóvenes, pero no facilitar el regreso de los cincuentones a los estudios? Así se podría abrir el camino hacia una sociedad posgeneracional en la que jóvenes y mayores no se enfrentaran, sino que convivieran codo con codo.

La tradición a la que nos referimos en la AEPL tiene sus propias características. En primer lugar, la convicción de que nuestras identidades, por muy importantes que sean, deben quedar en segundo plano frente a nuestra humanidad común. La segunda es el método que utilizamos: el libre examen.  Tal y como lo definió Maxime GLANSDORFF, profesor de la Universidad de Bruselas, «El libre examen no pretende establecer verdades definitivas; se preocupa por la renovación metódica de las ideas y se resiste a su conservación obligatoria». Se trata, pues, de someter cada cuestión importante a una evaluación crítica y lúcida que tenga en cuenta tanto las lecciones del pasado como lo que el futuro espera de nosotros.

Estos son los pilares sobre los que queremos construir nuestra contribución a esta iniciativa, con la firme voluntad de que sea emancipadora y progresista. No podemos afrontar el futuro —por incierto que sea— mirando únicamente hacia atrás.

Claude Wachtelear, expresidente

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